Publicado (26/02/2010) el 26 de febero del 2010 |
¿Dónde está el dinero? La crisis económica mundial ha golpeado de tal
manera a la fórmula 1 que la mayor parte de los equipos están teniendo
serios problemas para cubrir sus presupuestos. Sufren algunas de las
grandes escuderías, pero sobre todo sufren las pequeñas, que ya han
anunciado que sus pilotos deberán ayudar a sufragar los gastos.
Alrededor de la mitad de la parrilla del próximo Mundial no sólo no
cobrará por pilotar, sino que deberá comprometerse a aportar dinero o
al menos patrocinadores. Los volantes se compraron y se están comprando
todavía en una gran subasta en la que la calidad queda en un segundo
plano frente al poder del dinero que llevan en su saco.
Sólo Ferrari,
McLaren, Mercedes y Red Bull, los cuatro grandes equipos del momento,
están en disposición de pagar a sus pilotos sueldos astronómicos, que
oscilan entre los 10 y los 20 millones de euros anuales. Pero en estas
cifras se mueven sólo los números uno, es decir, Fernando Alonso, Lewis
Hamilton, Sebastian Vettel y Michael Schumacher. Después, hay un
segundo grupo en el que se incluyen Jenson Button, Felipe Massa, Robert
Kubica y Nico Rosberg, que se mueven entre los siete y los 10 millones.
Y les sigue otro grupo que perciben entre 300.000 euros y cinco
millones.
Pero la parte del león de la parrilla pagará por
correr. Equipos como Virgin, Campos, US F-1, Renault, Force India e
incluso BMW Sauber han firmado los contratos con sus pilotos sólo
después de que éstos hayan aportado patrocinadores o de que, al menos,
hayan adquirido el compromiso de ayudar a conseguirlos. Uno de los
casos más flagrantes fue el de Bruno Senna. El piloto brasileño se
comprometió con Campos Meta a aportar seis millones de euros en
patrocinios. Sin embargo, cuando Meta asumió las negociaciones, en
Brasil se encontró con muchos problemas y regresó con las manos vacías.
Ahora, Colin Colles, el nuevo director deportivo nombrado por
Carabantes -el presidente e inversor del equipo- ha comunicado ya a
Senna que para correr con ellos deberá cumplir su compromiso inicial.
El equipo está también negociando la incorporación del argentino
Pechito López, que quiere romper su compromiso con US F-1 por
incumplimiento de contrato: el equipo americano ya ha comentado que no
va a aparecer hasta la cuarta carrera como mínimo. Pechito cuenta con
el apoyo del Gobierno de Argentina, dispuesto a aportar unos seis
millones de euros, de los que ya ha pagado 900.000 al US F-1, que no
sabe cómo puede recuperar.
En Sauber, Pedro de la Rosa firmó su
contrato sin condiciones, pero con el compromiso de ayudar en todo lo
posible a encontrar algún patrocinador español, que por el momento no
ha salido. Su compañero Kamui Kobayashi sí ha abierto el mercado
japonés a la escudería de Hinwil (Suiza). Y lo mismo sucede con Vitaly
Petrov, que debe conseguir algún patrocinador ruso con urgencia si no
quiere ver peligrar su volante en Renault.
El caso de Jaime
Alguersuari es sustancialmente distinto. Cuando a mediados de diciembre
Alguersuari no entró en la lista oficial de pilotos de la FIA para la
próxima temporada como segundo piloto de Toro Rosso, se especuló con
que si no encontraba algún patrocinador no tendría volante. "Y, en
aquel momento, era verdad", confiesa su padre, Jaume. "Visité a la
mayor parte de grandes empresas españolas, pero tuve que regresar ante
Tost [director de la escudería] y decirle: 'No hay nada, descabálgale'.
Estaba destrozado. Pero al final todo se arregló". Alguersuari corre
sin patrocinador y percibe una cantidad que ronda los 300.000 euros,
gracias a un contrato anual que Red Bull firma con los miembros de su
equipo Red Bull Team cuando entran en la F-1. Pero la decisión sobre su
continuidad la tomó directamente el propietario Matsievich y el
responsable del Red Bull Team, Helmunt Marko, que se mantuvieron firmes
en su idea de promocionar a sus propios pilotos.
En algunos
equipos, la situación llega al extremo de negociar con los pilotos
incluso por carreras. US F-1 ofreció un volante a un piloto español por
200.000 euros por carrera y luego rebajó la cantidad incluso a 110.000.
Pero la incerteza sobre el futuro del equipo impidió que se firmara el
contrato. Ésa es la cara oscura de un deporte que, aparentemente, se
mueve en un ámbito de lo más sofisticado.
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