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Hoy en día hasta un mono podría conducir un F-1". Esta frase del
tricampeón del mundo Niki Lauda es lo suficientemente elocuente como
para explicar lo que suponen las ayudas electrónicas en la Fórmula 1. O
mejor dicho, lo que suponían, porque a partir de la próxima campaña
desaparecen.
La máxima competición automovilística, como es lógico, debe abogar
por el aumento de la seguridad de sus pilotos pero no por ello debe
coartar la esencia de este deporte. Y esa no es otra que la velocidad,
la competitividad, la demostración de quién es el más rápido y, por
tanto, el riesgo es inherente a las carreras de coches. Por eso los
cambios que introduce la FIA buscan devolver ese espectáculo y fomentar
que los 22 pilotos de la parrilla son los mejores que hay con un
volante en las manos.
El cambio estrella es la desaparición del control de tracción, es
decir, de cualquier sistema que impida que las ruedas tractoras
derrapen o bien que avise al piloto del inicio de esta circunstancia.
Permite, al menos en teoría, que un piloto siempre esté acelerando a
fondo, ya que al menor indicio de derrape o deslizamiento, la
electrónica del motor se ocupa de mantener el monoplaza bajo control. Y
esto se nota aún más en lluvia o con el asfalto mojado.
El control de tracción estuvo prohibido durante muchos años y
regresó en el GP de España de 2001 para instalarse hasta la recién
terminada 2007. "Cuando hay tantos caballos, es difícil controlarlos
con el pie y fácil hacerlo con la electrónica", comentó Mika Hakkinen
cuando se permitió utilizar la citada ayuda electrónica. La FIA decidió
recuperarlo, ya que los equipos estaban realizando las mismas funciones
que el control de tracción a escondidas, por medio de las unidades de
control electrónico del motor. Y así llegamos al segundo gran cambio de
la nueva temporada: La implantación de una centralita estándar diseñada
por McLaren Electronic Systems.
La nueva ECU con su programa diseñado por Microsoft será igual para
todos. Se trata del cerebro del monoplaza ya que es la encargada de
garantizar el correcto funcionamiento de todos los sistemas del coche.
El tercer cambio más significativo será la implantación de una caja
de cambios que debe durar cuatro grandes premios. La FIA busca
soluciones para abaratar costes y si primero fue la obligación de
utilizar un mismo motor para dos carreras ahora le toca el turno a la
transmisión. Su sustitución supondrá una pérdida de cinco plazas en la
parrilla de salida. Por tanto, las cajas de cambio deberán optimizar su
rendimiento.
Con estos cambios la igualdad entre las escuderías no aparecerá, ni
habrá adelantamientos como en las motos, ya que no es un problema de
mecánica sino de aerodinámica, pero el aumento de los trompos, las
pasadas de frenada y las salidas de pista sí serán un hecho.
Se verá mucho más la calidad de pilotaje y, en principio los más
favorecidos serán los jóvenes que vienen de la GP2 como Hamilton,
Rosberg o Kovalainen, ya que en la categoría de plata no existen estas
ayudas electrónicas que ahora desaparecen. Otros como Felipe Massa o
Kimi Raikkonen tendrán más problemas. Por ejemplo, el actual campeón
pasó de la Fórmula Renault a la F-1 directamente y ese salto brutal de
más de 500CV lo superó, en parte, gracias a la existencia del control
de tracción. Las manos al volante recuperan mucha importancia y eso
también es una gran noticia para Fernando Alonso, seguramente el mejor
piloto puro que existe en la actualidad.
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