El acuerdo de Fernando Alonso
para salir libre y sin coste de McLaren incluye la imposibilidad de criticar a
su ex escudería y contar todo lo que sufrió. Pero la realidad es clara: el
bicampeón vivió su temporada más decepcionante en el plano humano. Y eso que
tuvo cuatro sonoras victorias en Sepang, Mónaco, Nurburgring y Monza.
Nunca antes se había visto al asturiano saltar a pista tan desmotivado como
en Hungría o Estambul, sus dos carreras menos brillantes del año (en Canadá pudo
fallar, pero no por falta de ganas). Y esto en un depredador de la victoria y la
competición es el reflejo claro de una profunda amargura. De un piloto al borde
del año sabático. La estrella española se sintió un polizón desde la primera
carrera y rompió definitivamente con Ron Dennis después de que éste le
adelantara cinco vueltas su segunda parada cuando apenas estaba a dos segundos
de Hamilton en Indianápolis. Paraba más tarde y le podría haber adelantado sin
problemas.
El favoritismo hacia el inglés siempre estuvo presente, aunque en su tramo
final ya fue algo descarado y descorazonador. El Mundial comenzó con una frase
que el dueño de McLaren lanzó a sus amigos en Australia: "Lewis es el mejor
piloto que he visto jamás", y terminó con otra en China: "Corríamos contra
Alonso, no contra Raikkonen". Dos sentencias con sólo una diferencia, en la
última, realizada ante la prensa británica, se quitó al fin la careta de una
forma pública. Tanto, que la FIA decidió que un comisario vigilara su box en la
última carrera. Alonso sintió en Fuji y Shanghai que las presiones estaban
alteradas. En la última cita, en Interlagos, el coche, sencillamente, no corría.
Y la sospecha recayó entonces en la posible intervención electrónica del motor,
algo indetectable. Ron lo basó todo en Hamilton, que se puso nervioso al ser
adelantado por su compañero y se salió en la tercera curva.
Después, su MP4/22 se paró por apretar el botón de entrada en boxes, que
coloca el coche al ralentí. Los vídeos de la cámara a bordo delatan esta
posibilidad. Se quedó último y, aunque Alonso fue campeón durante tres cuartas
partes de la carrera, Ferrari supo colocar a Raikkonen delante de Massa. El
finlandés, seis victorias, fue un justo campeón. Lewis demostró en las dos
últimas carreras no estar capacitado aún para ganar, con un gravísimo error al
quedarse en la puzolana en Shanghai.
No hubiera sido justo ver al inglés campeón después de su arbitrario e
inmerecido triunfo en la carrera de Hungría. Sancionaron a Alonso con cinco
posiciones de retraso en parrilla sin razón alguna, por supuestamente haber
impedido dar su vuelta buena a Lewis. No pudieron demostrar que saliera más
tarde de lo que le pidieron. Y creyeron la versión del inglés por encima de las
del ovetense y McLaren. Si llegan a respetar su justa pole, habría ganado el
título.
La doble moral de Dennis, que señaló al fisioterapeuta de Alonso para culpar
a su piloto en los primeros instantes, también fue otro motivo de ruptura. El
domingo por la mañana Fernando le recordó sus correos referentes a Ferrari. Se
abrió la segunda parte del espionaje, en la que el asturiano colaboró con la FIA
y Hamilton se calló a cambio seguramente del título. A McLaren le excluyeron del
Mundial de constructores. Desde ese momento, Ron intentó destruir al bicampeón,
y esto le costó finalmente una severa derrota.