Año de tumultos, desamores y
desilusiones en la Fórmula 1. Año cero para Fernando Alonso, que pasó
de la gloria de Renault al choque frontal con su nuevo equipo, McLaren,
que se convirtió por momentos en su peor enemigo. Fue un 'año cero'
también para la escudería británica, criticada desde todos los frentes,
señalada por su espionaje a Ferrari, masacrada económicamente por la
multa de la FIA –100 millones de dólares por copiar del compañero– y
uno de los puntos más bajos en la carrera de su cerebro, Ron Dennis,
cuya obstinación por jugar dos cartas a la vez y sobreproteger al
recién llegado Lewis Hamilton le hizo quedarse al final sin nada en el
zurrón: Alonso, descontento y ansioso por irse de un equipo que no le
quería, lastrado por la sanción del GP de Hungría que provocó su propio
compañero por una queja infantil, y este último sin título después de
mostrar las primeras pero decisivas muestras de su bisoñez en las dos
últimas carreras, cuando dilapidó su ventaja y entregó de forma
inesperada el título a Kimi Raikkonen y Ferrari en una suerte de
justicia poética.
Un año para borrar de la mente de Alonso, aunque el asturiano quizás
arrastre durante tiempo el error en que se convirtió su pase a McLaren:
el mercado, sin más salidas, le ha devuelto en 2008 a Renault, donde no
parece tener la garantía de volver a ser aspirante al título.