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La ley no escrita de la Fórmula 1 dice que la
cosecha de los entrenamientos debe ser analizada con mesura. Que no
sirve para sumar puntos, que puede ser fuego de artificio, que nadie
sabe cómo va el resto... Los protagonistas, con buenos o pobres
tiempos, reducen en público su importancia, aunque la realidad sea otra
y cada prueba provoque satisfacción en los que han dado con la tecla
correcta y amargura en los que escogieron el camino equivocado a la
hora de desarrollar el coche.
En este universo de máxima competitividad, todos quieren finalizar
el día en lo alto de la tabla, el lugar donde Fernando Alonso acabó
ayer en Jerez. Suyo fue el mejor crono del día, el mejor de la
pretemporada en el circuito gaditano (1:18.343), en su última sesión de
prácticas antes del inicio del Mundial, el próximo domingo 29 de marzo
en Melbourne.
Este resultado es una buena dosis de optimismo para meter en su maleta el próximo viernes, cuando en su apartamento de Suiza prepare el equipaje para Australia. Vuela el sábado: 25 horas de sueños, esperanzas y ambición.
Se siente fuerte, se ve de nuevo en la pelea por el título mundial. En
Jerez pudo incluso con las balas blancas de Ross Brawn, las auténticas
revelaciones, con tiempos salvajes, imposibles para los Ferrari o
McLaren. Alonso, en el tramo final de la jornada, pudo rebajar la marca
de Rubens Barrichello en tan sólo cinco centésimas.
Los rivales estudian ahora a fondo el coche de Brawn GP en busca de
posibles ilegalidades, o de las soluciones acertadas que puede haber
encontrado el que fuera gurú de los éxitos de Michael Schumacher en
Ferrari. Miran con lupa los difusores de esos monoplazas limpios de
pegatinas, que esperan patrocinadores para colorear su carrocería antes
de arrancar el Mundial. En el paddock comienzan a dar credibilidad al
proyecto del ingeniero británico y lo señalan como la auténtica prueba
de que estamos ante una nueva F1.
La profunda sacudida del reglamento y del diseño de los coches puede
provocar la aparición de algún invitado inesperado a la lucha por las
victorias y, a la vez, el tropezón de algún favorito confiado. Este
papel, por ahora, parece en manos de McLaren, donde andan muy
despistados con las mediocres respuestas de su máquina en los test
invernales. Ayer no rodaron a la espera de recibir nuevas piezas y, con
Hamilton a los mandos, apurarán hasta el jueves en el trazado andaluz.
Alonso completó 103 vueltas a un ritmo competitivo y sin
problemas.Fiabilidad, resistencia y ritmo de carrera, tres claves para
afrontar el curso fuerte. El español no mira hacia Melbourne con hambre
de victoria, otea más allá. Sus dos títulos de 2005 y 2006 y la pugna
hasta la última vuelta en McLaren le enseñaron que la regularidad es la
base para proclamarse campeón. Quiere un monoplaza veloz, agresivo y
constante, que le permita ir acumulando puntos en la vuelta al mundo
que está a punto de comenzar.
"Estoy muy contento con este día, hemos rodado más de 100 vueltas y
cumplido todos nuestros objetivos", resumió al final. Renault comprobó
ayer además las agradables reacciones del R29 en un clima cálido, con
temperaturas en pista cercanas a los 25 grados.Un escenario que permite
calibrar el posible rendimiento del monoplaza al inicio del calendario,
cuando el termómetro revienta en Melbourne y Malasia.
"Llegamos a Australia sabiendo que hemos aprovechado el tiempo al cien por cien en los entrenamientos",
dijo Alonso, que, de paso, se despidió y agradeció el buen trabajo del
equipo de test de Renault, uno de los mejores de la parrilla, según
valoran desde la competencia. Su vínculo con ellos ha sido muy intenso
desde que finalizó el pasado campeonato, con fluidez permanente de
información y perfecta compenetración para ir dando forma al monoplaza.
"Estoy triste porque no volveré esta temporada a probar con el
equipo de test", comentó en forma de despedida. La teórica prohibición
de realizar entrenamientos durante la temporada impuesta por la FIA
hará que estos departamentos sean desmontados o notablemente rebajados
de personal. Tampoco sabe Alonso, de incierto futuro en 2010, si volverá a compartir madrugones de febrero con los chicos de pruebas.
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